Jeremiah estaba tan furioso que sentía cómo su rostro ardía de impotencia. Ver cómo humillaban a la mujer que le gustaba lo enfurecía. Se acercó rápidamente, dando grandes zancadas, y quedó a pocos metros de Nora.
—Todo esto ha sido su culpa. Si no se hubiera metido en asuntos ajenos, nada de esto estaría pasando... —comenzó a decir Sam, pero Jeremiah la interrumpió.
—¿Aún te atreves a defenderte? ¿No asumes tus errores y además le echas la culpa a los demás? —la miró fijamente—. Lamento haber permitido que trabajaras en mi hotel. No has hecho más que causar problemas, difamar a tus compañeros y agredirlos. ¿Qué crees que dirá tu...