—¿Qué? —Intento levantarme pensando que tal vez si me incorporo disminuya mi sorpresa,
pero no llego a averiguarlo porque Nick me empuja de nuevo contra la cama.
—Que he vendido el Hotel. —Se tumba encima de mí y me agarra la cara entre sus enormes
manos.
—Ya te he oído. ¿Por qué? —No lo entiendo. Ya sé que fui yo quien plantó la semilla, pero
jamás habría esperado que me hiciera caso.
Me sonríe y acerca los labios a los míos para tentarme. Estoy desesperada por saber qué ha
provocado esto, pero también estoy desesperada, como siempre, por sentir su mágica boca.
Dejo a un lado el documento y caigo...