—Y la odio, pero adoro tu nariz. —Le doy un beso en la punta y vuelvo a mi posición—.
¿Harías algo por mí?
Su expresión facial cambia radicalmente. vuelve a ponerse receloso, pero esta vez no escondo
nada, sólo una petición que no tardará en oír. Se relaja un poco y me acaricia los costados del
cuerpo.
—Lo que sea, nena.
—Quiero que me digas que sí a algo antes de que te lo pregunte —ordeno muy irracionalmente.
Ya hemos vivido esto antes, y no conseguí nada.
—Has intentado sobornarme con mantequilla de cacahuete. —Se lame los labios y yo lo miro
irritada y dejo el tarro a un lado....