Gira a dejarme en posición vertical y me coloca en su sitio los tirantes de mi vestidito de
verano amarillo que se habían deslizado por mis brazos.
—Hay que ajustar esto.
Le aparto las manos con los hombros y echo a andar mientras me subo los tirantes yo misma e
ignoro los gruñidos de protesta que oigo detrás de mí.
—¿Adónde vas a llevarme a comer? —pregunto por encima del hombro mientras continúo
andando. Pero no avanzo mucho. Me agarra de la muñeca y empiezo a tirar de un peso muerto.
—No te alejes de mí —dice prácticamente gruñendo, y hace que me gira para quedarme
frente a él. Tiene...