Es una sorpresa, aunque a estas alturas ya no deberían sorprenderme ni los extremos a los que es capaz de llegar, ni su forma de reaccionar, ni las reacciones que provoca en mí.
Sé que es él, pero eso no hace que deje de dar un giro a la derecha, luego otro, y luego otro más,
para volver al punto de partida. Como era de esperar, el DBS me pisa los talones un par de coches
atrás. Lo voy a marear pero bien. Tanteo el asiento de al lado en busca del teléfono y pulso los
botones.
—¿Sí? —contesta, borde y cortante. No es su tono cariñoso habitual. Estoy atónita....