Para cuando me he secado el pelo, maquillado y bajado la escalera, Nick se ha puesto un traje
azul marino y está tomando las llaves del coche.
—Yo te llevo —dice.
—¿Dónde está Cathy? —Lo miro de cabo a rabo. Ese hombretón es mi marido. ¿De verdad
necesito trabajar?
Frunce el ceño.
—No lo sé. No es propio de ella llegar tarde. —Me toma de la mano y tira de mí para que
salgamos del ático—. ¿Lo llevas todo?
—Sí.
Llegamos al vestíbulo del Gramur y, al acercarnos al mostrador del conserje, veo a Cathy
charlando con Clive. Sonrío y miro a Nick, que me ignora, aunque sabe que lo...