—Lávate los dientes. Voy a preparar el desayuno. —Se lleva las manos al cuello y me aparta los brazos.
—¿Necesito lavármelos? —pregunto, un poco herida.
—No, pero pensaba que quizá querrías hacerlo.
Me da la vuelta, me pone de cara al espejo y me besa en el hombro. Después me da una palmada
en el culo y sale del baño.
¿Así que voy a casarme con él? Tengo que hablar con mis padres, y pronto. Me estoy temiendo la
conversación. Observo mi imagen en el espejo. Mi pelo oscuro es una masa de ondas enmarañadas. Tengo los ojos brillantes, los labios rosados y las mejillas encendidas. No estoy mal.
Sin...