—¿Adónde?
Recorre
con la mirada mi cuerpo desnudo.
—He
salido a correr y mientras tanto se me ha ocurrido que aún no te he llevado
a
cenar.
Tienes unas piernas increíbles. Vístete.
Señala
mi armario con la cabeza.
Si
se refiere a cenar en el Hotel, yo paso. Evitaré el lugar a toda costa si
ella
va
a estar allí y, dado que ya sabemos que trabaja para él, lo más probable es
que esté.
—¿Adónde?
—vuelvo a preguntar mientras empiezo a aplicarme crema de
coco
en las piernas.
—A
un pequeño italiano que conozco. Anda, vístete antes de que me cobre mi
deuda.
De
pie, me masajeo lentamente con...