—Gracias, Luigi —sonríe Nick con educación. Me lanza una mirada inquisitiva, pero la ignoro y sonrío agradecida a Luigi. Es igualito que Tomás.
Revuelvo la pasta con el tenedor. Huele a gloria, pero estoy tan confusa que se me ha
cerrado el estómago. Jugueteo con ella un momento y luego pruebo un bocado.
—¿Está buena? —pregunta Nick.
Asiento poco convencida, a pesar de que está deliciosa. Comemos un rato en silencio, mirándonos de vez en cuando. La comida es maravillosa, y me siento culpable por no estar disfrutándola como se merece.
—¿Cuándo compraste el Gramur? —pregunto. Detiene el tenedor de camino a su boca.
—En marzo —me contesta. Se toma...