Y entonces empiezo a pensar en todo lo relacionado con él y sonrío para mis adentros. Pienso
en el encaje, en las calas, en la mantequilla de cacahuete y en cómo me regaña cuando digo tacos.
Suspiro. Pienso en las distintas clases de polvos, en lo irascible, juguetón y considerado que es.
Puede que ahora esté sonriendo físicamente. Pienso en las esposas, en la mordaza, en el crucifijo, en
la máquina de remo y en el pastelito de Addison. Mi corazón se acelera. Pienso en ese azabache y en
esos ojos oscuros, brillantes y adictivos, en su perfección apolínea y en la barba de dos días. Pienso
en la manera...