Hace dos semanas que no veo sus ojos. Han sido las dos semanas más largas de mi existencia.
Cualquier sentimiento de desolación o de miseria que hubiese podido tener en mi vida antes de esto
se ha visto eclipsado por los sentimientos que me asolan en estos instantes. Estoy perdida,
desamparada, añorando la parte más importante de mi ser. Mi único consuelo es ver su rostro sereno
y sentir la calidez de su piel.
Hace cuatro días que el médico le quitó el respirador, así que ahora puedo verlo mejor, con
barba y con un tono macilento. Sin embargo, se niega a despertar, a pesar de que nos sorprendió
respirando...