No me gustaría cabrear a la montaña que tengo sentada a mi lado, tamborileando con las manos en el volante. Hace que incluso eso parezca un gesto amenazador.
—Forma parte de mi trabajo —responde tan tranquilo.
Ah, lo que me recuerda:
—¿Por qué fue el otro día la policía?
Mark me mira con un semblante casi de amenaza y me achico un poco.
—Un idiota que hacía el tonto. No hay por qué preocuparse, muchacha —dice, y vuelve a centrarse en la carretera.
No estaba preocupada, pero ahora sí lo estoy. Mark acaba de darme exactamente la misma explicación de mierda que me dio Nick, y el hecho de que...