Me lavo con frenesí los restos de la jornada y me afeito las piernas, aunque no con tanto frenesí. Salgo de la ducha y tomo una toalla. Me giro y me doy de bruces con unos pectorales duros, desnudos y familiares. «¡Mierda!»
—¿Te he tomado por sorpresa? —dice en voz baja y amenazadora.
Levanto la vista despacio y veo que entorna sus ojos oscuros en una expresión muy seria. El Nick dominante ha llegado y me ha fastidiado los planes.
—Un poco —reconozco.
—Me lo imaginaba. Tenemos un pequeño asunto pendiente y vamos a resolverlo ahora mismo. Me quedo petrificada en el sitio, goteando y agarrada a la toalla.
Que...