¿Le excita enojarse por un vestido? Supongo que es preferible a que me torture. Intento resistirme a la invasión de su lengua... un poco. Esto no está bien. Al instante me consume y necesito tenerlo dentro de mí. Le rodeo el cuello con los brazos y lo acepto con todo mi ser, absorbo su intrusión y salgo al encuentro de su lengua, caricia a caricia.
—No voy a permitir que te pongas ese vestido —gime en mi boca.
—No puedes decirme qué puedo y qué no puedo ponerme.
—Impídemelo —me reta.
—Sólo es un vestido.
—Cuando tú te lo pones, Addison, no es sólo un vestido. No vas ponértelo.
Aprieta...