Permanezco en silencio, Nick y Tom también, pero mi tía no. Nada de eso: acaba de
empezar. Lo sé por cómo toma la copa de vino y por cómo respira hondo para tomar aire.
Y entonces empiezo a preocuparme porque abre unos ojos como platos y dirige la vista hacia mi
hombre.
—Se casaron por eso, ¿verdad? ¡Te casaste con ella porque tenías que hacerlo!
—¡Gracias! —Me echo a reír pensando en lo ofensivo que me resulta que diga algo así. No
piensa con claridad, y está empezando a decir un montón de idioteces. A pesar del poco tiempo que
ha pasado con nosotros, sabe perfectamente lo que sentimos el...