—Pero ¿qué coño...? —oigo decir a Lucas en la distancia—. ¿Nick?
Él no contesta. Lo único que oigo son los graves rugidos de Mark, que se funden con el murmullo de fondo debido a la conmoción que he causado. Me da igual. Una puerta se cierra de golpe y, unos momentos después, siento el sofá debajo de sus muslos y que él me acuna en su regazo.
—Eres una estúpida —solloza con la voz rota. Hunde la cabeza en mi cuello y absorbe el olor de mi cabello mientras me acaricia la cabeza frenéticamente—. Estás loca.
Me obligo a abrir los ojos y miro al vacío a través de su...