Camina hacia mi—La parte de mi herencia como corresponde—responde riéndose.
—No te me acerques, imbécil. Eres el demonio—le grito.
Se ríe en mi cara, camina hacia otro lado y me voy directo a mi habitación, miro el techo y no entendía como fue que ocurrió tener que llegar hasta el punto de odiar mi propia vida. En cuanto a mi cabeza llena de pensamientos malos hacia él explotaba, me di varias vueltas en la cama y no logre dormirme. Nuevamente salí para poder comer algo y un ruido hace que grite —Dios—exclamo.
Estaba ahí sentado tomando algo y mirando su celular —Deberías estar durmiendo porque es tarde— suelta de repente....