Estando media hora en mi habitación bastó para escucharlo de nuevo—¡Ábreme!—gritó furioso.
Podía darme cuenta la ira que manejaba ese hombre cuando se enojaba, no podía entender como logré querer estar con esa persona. Mis padres me habían obligado, pensé varias veces pero no a tener que soportar este tipo de locuras.
Los ruidos en la puerta eran cada vez más fuertes y lo único que me salió fue caminar hacia ahí, darle un poco de espacio para intentar hablar como dos personas civilizadas —¿Qué quieres?—preguntó mirándolo.
—Quiero que hablemos porque aunque digas todas esas locuras que salen de tu cabeza, somos una familia y lo seremos en verdad, Harper—sostiene....