Chapter 5 - Apuestas.

Chapter 5 - Apuestas.

Después de lo que pasó con Celeste todos comenzaron a llegar hasta donde yo estaba para saber si estaba bien.

Gine incluida a pesar de siempre mirar al resto del mundo como si no le importara nadie.

Sabía que detrás de su fachada de chica mala hay una niña muy dulce.

La tarde pasó con rapidez en la cafetería y se siente un ambiente ligero a partir de que Celeste se fue.

Todos lo hemos notados así que hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos.

De vez en cuando siento la mirada penetrante de Leo encima de mí erizándome la piel.

No tengo ni la menor idea de cómo lo logra pero lo hace.

Me muerdo el labio inferior entrecerrándolo con mis dientes ligeramente ansiosa por los sentimientos que despierta en mi pero que me enfoco por ignorar.

No puedo ni siquiera imaginar que Leo me guste un poco porque es absurdo.

Él no es nadie.

Apenas tiene Black Cat.

Además por lo que sé, cuando no está aquí está haciendo carpintería.

Lo supe porque una vez escuché a Delia decirlo, que le había hecho una cama para su hija y que era muy talentoso.

Si mi tía Mirla siquiera pudiera entrar en mi mente unos segundos y ver esos pensamientos en los que veía a Leo como un hombre sumamente atractivo y excitante me mataría.

Gritaría hasta cansarse.

"— ¡No estamos hechas para trabajar Melissa, somos mujeres que merecemos joyas, viajes, salidas a restaurantes! ¡No venir aquí a esta cocina y cocinar nosotras mismas, no seas estúpida, abre los ojos!"

Eso era lo que constantemente gritaba cuando iba a una de esas fiestas de millonarios donde "nunca conseguía a nadie".

Yo suelo ignorarla pero eso siempre termina en una agresión para mí.

Por lo general me tira del cabello para que le responda porque jamás toca mi cara que es la fuente de la mayoría de nuestros ingresos.

Me vuelve loca pero sé que ella ha dado mucho por mí.

Por criarme y se lo agradezco.

—Esto es para la mesa número 4 —me dictó Gine tendiéndome la bandeja y no dudé en tomarla con rapidez antes de llevarla a la mesa que me había dicho.

Enfoqué la mirada y rápidamente vi que se trataba de dos ejecutivos de la empresa más exitosa de la ciudad — Caffè Reale, importadora y exportadora del mejor café italiano con el que obviamente trabajábamos en Black Cat— Pude verlo en sus gafetes además los hombres no eran nuevos aquí.

Ya los había visto en ocasiones.

El rubio alto me parece muy atractivo e incluso Gine y yo hemos apostado por a quien invita a salir primero.

Coqueteamos con él pero no demasiado, no queremos que nadie se de cuenta de nuestro retozo con los clientes.

Supongo que Gine no se había dado cuenta de que entró a él local o ella misma le hubiera llevado el café.

Sin que los demás se dieran cuenta arreglé mi cabello y puse una sonrisa en mis labios coqueta para terminar de acercarme con mis patines.

—Buenos días caballeros, aquí está su café.

Me incliné lo suficiente como para que pudieran ver el inicio de mis pechos con el vestido inocente de Sienna, provocadora.

En cuanto levanté mi mirada me di cuenta que había conseguido lo que quería.

Su absoluta atención en mí.

Andrew Wyatt era el nombre del rubio que despertaba mi atención pero lo más importante es el cargo que tenía en la empresa.

"Director ejecutivo" es lo que se lee en su gafete pero eso ya lo sé.

Ese es mi verdadero interés.

Puede que para Gine sea una especie de juego pero aunque le hago creer que para mi también lo es, no del todo.

Quiero provocar a este delicioso ejecutivo y luego tentarlo.

Llevarlo hasta el límite del placer y luego dar mi zarpazo final.

Atraparlo.

Acorralarlo.

Cazarlo.

Bato mis pestañas suavemente y me enderezo mostrando mis atributos.

Él no deja de mirarme.

De hecho entrecierra los ojos un poco como para poder ver más.

Sus bonitos ojos verde se hayan detrás de unos lentes de pasta negra que lo hacen ver muy serio.

Mi lengua sale para lamer mi labio inferior y ellos captan el movimiento.

Veo como su iris se oscurece de deseo y casi sonrío juguetona.

— ¿Quieren pedir algo más? —pregunto cortando el silencio que se ha formado a partir de mi presencia y ellos niegan con la cabeza aún sin hablar pero tampoco dejan de mirarme.

—Ya veo.

Si quieren pedir algo, cualquier cosa, estaré por allá —señalo detrás de mí con mi dedo pulgar con coquetería, capto como ellos tragan grueso deslizando su mirada por mi cuerpo pero les doy la espalda y me voy patinando.

—Eres una bad bitch, te aprovechas que no me visto como una ramera —dijo burlona Gine a pesar de su aspecto serio una vez que llegué donde estaba ella y yo entorné los ojos antes de reírme.

— ¿Estás celosa cariño? Supéralo, lo dejé boquiabierto. Además este vestido no es de ramera, por el contrario es muy recatado.

—Lo sería si no te hubieras bajado para que te viera las...

—Ginebra, atiende la mesa 4 —gruñó una voz detrás de mí que hizo saltar mi corazón.

La voz que yo conocía muy bien.

Gine lo miró por encima de mi hombro y si decir nada fue a hacer lo que Leo le había ordenado.

Por consiguiente tomé su lugar quedando finalmente frente a él.

Leo apoyó su antebrazo en la isla que nos separaba sin dejar de clavar sus ojos en mí.

Parecía tan serio que estaba intimidándome pero me hice la inmune.

Él nunca llama a Gine por su nombre completo a menos que esté molesto y al parecer lo está aunque no tengo idea del porqué, lo único que sé es que se ve endiabladamente atractivo con esa seriedad en su rostro.

Leo nunca era serio.

Era extraño verlo sin su acostumbrada preciosa sonrisa en los labios aunque obviamente de las dos formas luce encantador.

— ¿Qué está mal? —la pregunta sale de mis labios antes de que pueda contenerla y él arquea una ceja en mi dirección.

— ¿De qué hablas?

—Es obvio que estás molesto jefe, sólo dilo. Es liberador —intenté bromear para aligerar su molestia pero lejos de sonreírme él frunció más el ceño.

De repente iba a hablar pero enseguida se calló cuando una persona se hizo presente colgándose de su brazo.

— ¡Hola tío! —exclamó la voz de Sienna y cuando puso su vista sobre mí su bonita sonrisa se esfumó enviándome una mirada asesina y fulminante que obviamente Leo no vio.

— ¡Hola cariño! —le sonrió él abrazándola con dulzura—. ¿Lista para empezar? Melissa será quien te enseñará.

Dicho esto ambos clavaron sus ojos en mí y en mi interior lo único que pude hacer fue lloriquear por mi mala suerte.

Se había ido una pero ahora estaba otra peor y con más poder.

Que mala suerte tengo.

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