Capítulo 5—Salvada
Narrador:
En el preciso instante en el que Elektra iba a tomar su café, sintió una mano firme sujetarla del brazo. Sobresaltada, giró rápidamente y se encontró cara a cara con Alaric, su prometido; el joven que su padre había elegido para que se casara con ella.
—Elektra—dijo con una enorme sonrisa —Hace tiempo que no te veía.
Elektra tragó de inmediato al ver su mala suerte, era la primera vez que entraba a ese lugar, y justamente a quien se encontró allí fue a él; remojando sus labios, asintió con su cabeza sin saber qué decir, e interesado por conocer su paradero, Alaric continuó.
— Pero... Cuéntame, ¿cómo estás?
Justamente en ese momento regresó la chica que la había atendido con su orden, y extendiendo la rebanada de pastel, Elektra la tomó con la finalidad de seguir su camino.
—Bien.
La verdad ella quería huir, salir de allí tan rápido como sus pies se lo permitían, lo menos que deseaba era que su padre supiera de ella, por lo que prácticamente había desaparecido de la faz de la tierra. Por su parte, Alaric, no se quedaría con esa, por lo que empezó a seguirla, casi hasta la salida del lugar.
—¿Podemos hablar? ¿Quiero saber en dónde estás viviendo?
Elektra enseguida se detuvo al escuchar su pregunta, y girándose levemente, se mostró sería antes de responder.
—Ahora no puedo, tengo algo de prisa, solo te diré que estoy bien.
Su prometido sabía que si la dejaba salir, se le escaparía, no podría dar con su paradero, por lo que quiso insistir, haciendo que ella exhalara algo de aire, empezando a irritarse.
—¡Espera, Elektra! Llamaré a tu padre, él de verdad está preocupado por ti.
Alaric sacó su teléfono con la intención de llamar a Gideon, y cubriendo la pantalla de su teléfono con la mano, ella le pidió.
—No lo hagas, no tengo nada que hablar con él —respondió Elektra con firmeza, tratando de marcharse sin mayores complicaciones— Por favor, déjame en paz.
Lo poco que él conocía de ella era lo terca, y rebelde que solía ser, por lo que el verla reaccionar de esa manera era algo completamente normal.
—Elektra, no seas así —insistió, suavizando su tono —Solo quiero que hables con él, que le hagas saber que estás a salvo.
Ella solo negó, sabiendo que todo este show de la conversación sana, y tranquila, no era más que un pretexto para hacerla perder el tiempo, por lo que trató de evitarlo de nuevo.
—Tengo que irme... —Soltó volviendo a empezar a caminar, y mencionando su nombre, él preguntó una vez que ella se detuvo.
—Al menos, dime, ¿por qué no quieres casarte conmigo? Nuestro compromiso es importante para tu padre, y también para mí...
Ella sintió que esta fue la gota que rebasó el vaso, y empuñando su mano respondió tajante.
—Mi padre y sus decisiones. Yo no planifiqué ese compromiso, yo no fui la que dije que nos casaremos. Alaric no quiero unir mi vida a la tuya cuando apenas te conozco. No voy a casarme contigo.
Alaric comprendió que Elektra jamás lo vería como su futuro esposo, por lo que sonrió con cierta molestia.
—Entiendo. Aun así, él está muy preocupado, buscándote. ¿Por qué no vuelves a tu casa conmigo ahora y le damos esa alegría?
Acercándose a ella, sin decir nada más, la tomó del brazo de nuevo, y tirando de él, la jaló a la salida, con la intención de llevársela.
—No, eso no va a pasar, no voy a volver y te agradecería que no me buscaras más.
Zafándose de su agarre, Elektra trató de alejarse de él, y pasando justo por esa calle, en ese instante, desde lejos, Dorian, observó la escena con creciente interés y preocupación. No podía escuchar lo que decían por la distancia, pero era evidente que Elektra no se sentía cómoda. Reconoció a Alaric inmediatamente; después de todo, era su ahijado. Sin embargo, no podía entender qué hacía allí con Elektra y por qué parecía estar discutiendo con ella.
—Vamos, no seas caprichosa, deja que te lleve —Alaric la tomó del brazo de nuevo, y la jaló para arrastrarla a su auto.
Dorian, al ver la incomodidad de Elektra, decidió intervenir bajando de su auto, y caminando hacia ellos con pasos decididos, sin perder la calma. Intervino.
—¿Algún problema aquí? —preguntó Dorian con calma, posando una mano en el hombro de Alaric.
El joven se giró sorprendido y al ver de quién se trataba, su expresión cambió.
—¿Dorian? —preguntó, desconcertado—. ¿Qué haces aquí?
—Solo pasaba y noté que esta señorita parecía incómoda —respondió Dorian sin revelar su identidad —¿Está bien?—preguntó esta vez dirigiéndose a Elektra, quien se hallaba tensa.
—Sí, estoy bien —respondió ella, agradecida por la intervención —Solo quiero irme a casa.—Dorian le dio una mirada severa a su ahijado.
—Le acompaño —dijo Dorian, asintiendo hacia Alaric, a quien le despojó la chica de sus garras, y caminando con ella, en dirección opuesta, la salvó de él.
Dorian tomó el brazo de Elektra con suavidad y la guio lejos de la cafetería. Mientras caminaban, no pudo evitar sentirse dividido. Sabía que había hecho lo correcto al intervenir, pero se preocupaba por las posibles repercusiones.
—Gracias por intervenir —dijo Elektra, rompiendo el silencio—. No sabía cómo deshacerme de él.
Se veía avergonzada, un poco más serena que en el instante anterior, y sonriendo, Dorian solo respondió.
—No tienes que agradecerme. No me gusta ver a alguien obligando a otra persona a hacer algo que no quiere.
Elektra lo miró con gratitud y algo más, una chispa de reconocimiento que ella misma no comprendía del todo. Y pensando que lo más sensato era explicar que la llevó a ese momento, soltó.
—Quiero explicarte de dónde conozco a ese chico —comenzó ella, pero Dorian la interrumpió.
—No me interesa —dijo con un tono más brusco del que había pretendido —Solo quiero asegurarme de que estés bien.
Elektra quedó sorprendida por su respuesta, ya que pensó que al menos la escucharía, pero aceptando que no quería hablar del asunto, siguió caminando.
—¿Puedo preguntarte algo? —dijo ella, deteniéndose una vez una duda que surgió en su mente.
—Claro —respondió él, deteniéndose también.
—¿Por qué te importo? Apenas me conoces.
Dorian sonrió, aunque su corazón se agitaba con la verdad que no podía revelar.
—Digamos que he invertido mucho dinero en ti —dijo, eligiendo sus palabras con cuidado —No quiero que mi inversión se vea malograda.
Elektra asintió, aceptando la respuesta por el momento. Mientras seguían caminando, ambos se dieron cuenta de que sus vidas estaban más entrelazadas de lo que ninguno de los dos había imaginado.