(Al día siguiente)
Hace mucho tiempo que no entraba a una casa tal y como si estuviera escondiéndome de alguien, pero aquí estamos los entrando de puntitas de pie a la casa de Samantha y Julián para que nos escuchen llegar a las ocho de la mañana. Sin embargo, todos nuestros esfuerzos son en vanos cuando al entrar a la casa, nos encontramos con ellos sentados a la mesa en el comedor.
—Buenos días. — nos dicen al unisono y sonreímos como dos niños que fueron descubiertos.
—Buenos días. — respondemos los dos y ella me mira por un instante.
—Eh… yo me iré a cambiar un momento y ya...