YENEFER
Tan pronto como Franco me soltó, mi corazón se hundió y salí corriendo del coche. No mucho después, recibí una llamada de él.
_ Si no te dejara ir, no serías capaz de huir de mí _dijo con una voz que vagó entre engreída y triste. Me congelé pero mantuve mi mirada al frente _ Llevas zapatos de tacón alto. Ten cuidado. No quiero que te lastimes, ¿de acuerdo?_ suspiró impotente y me recordó con preocupación.
Sabía que todavía me miraba porque aún no había colgado. Resistí el impulso de mirar hacia atrás y me fui sin pensarlo dos veces.
Había estado ocupado con el programa de capacitación todos...