Sonidos golpean mi cabeza adormecida, pero nada me despierta, no hasta que escucho abrirse la puerta del dormitorio.
El olor nubla mi mente y lucho por levantarme, sintiendo que mi cuerpo pesa diez veces más de lo normal.
—¿Raúl? —gruño.
Todo es un borrón hasta que me tiran de un brazo. Como si me salpicaran con agua, entro en pánico y me despierto, mi corazón disparándose junto con mi cuerpo. El agarre es fuerte y desconocido, pero el olor se vuelve familiar, así que miro hacia arriba. Se parece a Raúl, pero a una versión extraña de él. Mis ojos luchan por enfocar y todo parece vibrar. Tardo un segundo...