La sonrisa de Abraám desapareció de su rostro, y en sus ojos se pudo ver un destello de impaciencia y nerviosismo. La atmósfera se volvió extrañamente tensa. Abraám carraspeó y, rápidamente, se acercó a mí, intentando explicar con una sonrisa forzada:
—Sofía fue mi compañera en la universidad y acaba de regresar al país. Cuando se enteró de lo de Vasco, quiso venir a verlo.
No respondí y miré a Sofía de reojo. Los ojos de Vasco eran idénticos a los de ella, no era de extrañar que Abraám siempre dijera que los ojos de Vasco eran los más bonitos.
Sofía, con un vestido amarillo discreto y un rostro encantador,...