Andrea Rowe.
—Bueno, ya está hecho. Mañana toca la firma y tendrás tu casa —murmura Rangel, mientras conduce rumbo al apartamento de Jackson.
Yo lo escucho y asiento, pero no dejo de mirar por la ventanilla, pensando y pensando en todo lo que supe hoy. En lo que vi en sus ojos, no los de Rangel, cada vez que me hablaba con el corazón en la mano.
¿Tan idiota que soy que por unas palabras sensibles voy a bajar mis muros?
Esto va más allá de solo dejar todo de una vez. Experiencia de sobra tengo con lo que pasa cuando se posponen conversaciones, cuando se evitan los temas dolorosos....