Andrea Rowe.
—Ya encontré apartamento —digo, para llamar la atención de Jackson—. De ahí vengo, Rangel me acompañó.
Jack deja los platos en el fregadero y regresa conmigo. Su expresión es triste, pero resignada.
—¿Sigues con esa idea?
—Jack, sabes que no quiero molestar y ese nuevo apartamento queda a menos de cinco minutos del bufete. Si me extrañas, entonces puedes venir conmigo.
Jackson apoya sus brazos sobre la encimera, justo frente a mí. Me mira con los ojos chinitos. Siento que se está preparando para decir algo importante, su expresión es de concentración total.
Sin embargo...
—Ahora no tendrás quien te cocine —susurra, inclinándose hacia adelante como si dijera...