—Anoche...— Hice pausa y detuve el auto, sus ojos se abrieron con asombro, giré un poco mi cuerpo para mirarla mejor y clavé mis ojos en los mieles de ella. —Cuando me pidió ayuda, que por cierto, hasta ahora no recibo un agradecimiento por ello, "sus amigos"— Hice forma de comillas con los dedos. —Pronunciaron su nombre.
Me estaba mirando fijamente, al mismo tiempo que mordía su labio inferior, acto seguido bajo su mirada a mis manos, y de improviso tomó una, el tacto de mi piel con sus manos detuvo mi corazón para luego hacerlo rebotar a mil por segundo.
—¡¡Dios!!— exclama.
—¿Que...?— inquirí.
—¡Es tardísimo!, ¿podría encender el...