Relata Erika
Me levanto de un salto llevando la mano al pecho, tengo mi corazón acelerado y no entiendo porqué. Siento una angustia haciendo presión en mi pecho. Envuelvo la sábana en mi cuerpo y cuando me propongo a bajar de la cama mi flamante y galante esposo ingresa.
—Buenos días bella durmiente —en sus manos posee una bandeja de comida —Te preparé el desayuno— la coloca a un costado y me da un beso. Suspiro sin poder creerme todo esto. Estoy viviendo en un cuento de hadas.
—¿Tu cocinaste?— pregunto porqué en su casa no entra a la cocina
—Claro que si— musita al poner requesón en una tostada....