SANTIAGO: Por la noche vuelvo a reunirme con mi amada, en la tarde pedí a las empleadas ordenaran la pequeña terraza y solicité una cena a domicilio. Cuando Erika abre la puerta se queda gélida, lleva sus manos al rostro y mueve la cabeza en negación.
—¿No te gustó? — Inquiero y ella suspira
—No es eso, solo que está maravilloso— musita y me da un beso. Llevo mis manos a su espalda y la ajusto hasta mí. Formamos un beso largo y apasionado de esos que dejan los labios ardiendo. Una vez que suelto su labio la abrazo y respiro profundo.
—Te amo tanto, Santiago Rúales te amo— expresa...