Santiago Rúales abrió sus ojos, parpadeó un par de veces para divisar el lugar en el que se encontraba. Lo primero que vio fue a su amada Lucero y en sus brazos a una pequeña de año y meses. Sonrió y sus ojos negros se volvieron a cerrar cuando una luz atravesó su pupila.
—Amor, mira, es nuestra hija, se llama Kader— pronunció al dejar escapar un sollozo.
—¿Nuestra?, tuya y mía —Lucero asintió y la acercó a él.
La pequeña pronunció papá y Santiago amó esa carita de porcelana.
La noticia de recuperación fue esparcida por todo el país. Todos sus familiares se hicieron presente, Pedro se clavó a...