Abrí mis ojos por el frío viento que recorrió mi piel, sobre todo, por los rayos del sol que traspasaron el párpado de mis ojos, llegando hasta lo más profundo de mi frente que produjo un fuerte dolor de cabeza. Al parecer dejé la ventana abierta, me estiró un poco y salgo de la cama, me doy una ducha y una vez listo bajo hasta el comedor, antes de llegar a este, el llamado de mi abuelo me detiene —Al despacho—, suspiré y lo seguí. Al llegar ahí encontré al chofer, sentado en una silla dándome la espalda —Siéntate al lado de Alexis—, dijo mi abuelo. Procedí hacerlo, cuando le...