Mount
Ahora mismo podría cambiarme el nombre y llamarme Amira, porque llevo diez minutos paseando de un lado para otro del salón. He intentado trabajar, pero soy incapaz de concentrarme, porque sé que viene de camino a casa.
A casa.
Nunca me he referido a este sitio como mi casa, pero con ella aquí, todo ha cambiado.
Oigo que se abre el pestillo de la puerta principal y la veo entrar con la melena pelirroja recogida en un moño suelto en la coronilla del que se han escapado varios mechones que le enmarcan la cara. V me hace un gesto de asentimiento con la cabeza y cierra la puerta tan...