Un día de diciembre, un día casi normal, exceptuando por el lugar donde comenzaron aquel día.
Una clínica, específicamente un laboratorio.
Aquel pequeño tenía el puchero en el rostro con sus ojitos aguados mientras se sobaba la parte interior del brazo donde tenía una pequeña gasa. Todos miraban al pequeño con una nerviosa expresión, jamás se imaginaron aquella situación.
No le temía a estar solo
No le temía a los brabucones
No les temía a las arañas ni a cualquier animal
No le temía al ingles, solo lo odiaba
No le temía ni siquiera a la intimidante mirada que a veces el Maxwell colocaba
¿Pero quién lo diría?
Si había...