Deby termina su turno en el hospital infantil y se dirige a su antiguo clan de los Lobos Grises. Justo a la entrada del recinto vallado rodeado de eucaliptos, se abre un gran portón. No le impidieron entrar, pero no será fácil salir de allí con el ánimo en alto. Luxor la espera en la oficina decorada con cabezas de animales de peluche. Deby siente nostalgia al ver cada rincón de esa manada donde nació y creció, amada por todos. Los lobos la reverencian, demostrando que allí se extrañaba su presencia. Luxor fue despiadado, cruel y abusivo con los omegas. Difícilmente pudieron escapar, muchos ni siquiera estudiaron en el extranjero...