El lobo intentó morderme el cuello, pero lo pateé y me levanté, gruñendo. El lobo se lanzó hacia mí, pero me hice a un lado. Estaba sorprendida, porque nunca me habían entrenado en combate. Intenté morderle la cola, pero él aulló de dolor y me pateó en la cara.
Otro lobo gris se acercó y también intentó morderme el cuello. Aullé de dolor y traté de defenderme, pero era inútil. Los otros lobos comenzaron a tirar de mí.
Justo cuando pensé que nunca volvería a ver la luz, dos miembros de la manada aparecieron a mi lado y comenzaron a atacar a los lobos. Cojeando, me dirigí hacia la casa...