Punto de vista de Xavier
Observé cómo se acurrucaba en el pecho de Daniel en el sofá, su brazo envuelto alrededor de su cintura, sabiendo que ella me pertenecía a mí y no a él. Esa sonrisa y la expresión de amor en su rostro deberían ser obra mía, no de él. Tomé una respiración profunda y caminé hacia la sala. Anaïs se dio cuenta de que había entrado y se levantó de un salto para darme un abrazo.
—¿Hey, Xavier, dónde has estado? Pensé que te habías olvidado de mí —dijo, puchereando antes de sonreír.
Me encantaba cuando sonreía; su rostro se iluminaba y alegraba a cualquiera. Sus ojos...