La expresión en el rostro de Dominik le caló hondo en el corazón. Se le llenó de luz y esperanza, aunque sus palabras fueron otras.
—Eso es... imposible. No tienes que ser así de cruel conmigo, Annabeth. ¿Cómo...? —preguntó, pareciendo sumirse en sus pensamientos.
—Pues es muy posible y mi doctora me lo dejo en claro.
Él seguía luciendo incrédulo, poco a poco su ceño comenzó a fruncirsr en confusión.
—De acuerdo, pero biológicamente hablando... Yo tenía una vasectomía y según mi propio urólogo era imposible que tuviese un hijo con Isabella, no hablemos de ti —rezongó, rascándose la cabeza con incomodidad.
Por primera vez se dió cuenta que ya...