Como si se hubiera preparado para ese momento toda su vida, Annabeth trajo al mundo a sus hijos rodeada del amor de su vida y del que única vez creyó que lo era.
Jamás creyó experimentar tal dolor ni tanta emoción. Era dulce y agridulce en partes iguales. Pensó que no era capaz de hacerlo, que su cuerpo no lo podría lograr... Pero se equivocó: era mucho más fuerte de lo que hubiera imaginado.
Dos horas después de los dolores, la doctora Regyna la felicitó diciéndole que fue el parto más rápido que había tenido en ese año, y que tanto ella como los bebés gozaban de una excelente salud....