Chapter 6 6

Chapter 6 6

Beth sabía que aquella cena no iría bien, nada más viendo las caras de los invitados.

En primer lugar, ¿qué hacían ahí las amigas chismosas de la tía de Dominik? Ella pensaba que aquello debería de ser una reunión privada. Pero lo que Beth pensara no importaba. Eso no las detenía de que la mirasen de arriba hacia abajo como si fuera menos que una mosca.

Lo que importaba realmente es la humedad entre sus piernas luego de la mini sesión de placer con su cuñado. Pensamientos pecaminosos en lo más profundo de su mente comenzaban a salir, se estaba volviendo loca con todo esto. Incluso sentía que todos ahí podían ver su culpable cara que recientemente tuvo un orgasmo.

Arrugó la nariz sin pensar.

—¡Annabeth! —Jessica, la prima de Dominik, venía corriendo hacia ella. Eso la puso feliz. Jess era muy dulce, quizás algo entrometida, pero agradable.

Respiro agitada, parecía agotada por la carrera.

—Te ves increíble, prima. Pensé que no vendrías —el hoyuelo en su mejilla se marcó cuando le dedicó una sonrisa plena—. Esto sería aburrido sin ti, ven.

Como siempre y sin temor a las represalias de su estricta madre, enlazó su brazo con el de Beth para comenzar a caminar dentro de la casa, al pasillo del fondo. Se sorprendió un poco, pues ni siquiera tuvo ocasión de saludar como se debía a la abuela.

Jessica la llevo al baño y cerró la puerta rápidamente, parecía asustada.

—¿Qué...? —trató de preguntar, pero se vio interrumpida.

—No te asustes, pero no vas a creer quien está aquí.

Eso la puso de inmediato tenso y sobre alerta.

—¿Quién? —Al ver la duda en el rostro de Jessica, le insistió—. Puedes decírmelo. Estoy bien.

Ella tomó aire y la sostuvo de los hombros, para luego susurrar muy bajito uno de los nombres que más aborrecía en ese momento:

—Isabella Donovan. Está aquí. La mamá de Dominik la invitó.

Aunque pensaba que era fuerte, que nada podía derribarla, aquello se le clavo fuerte en el pecho. Se olvidó de respirar por unos instantes. Temía lo que pudiera pasar en los próximos minutos, cuando se vieran frente a frente, en una cena en la que más de la mitad de los presentes favorecían a Isabella en lugar de a Beth.

«Maldita sea. Su amante está aquí», pensó con furia.

Odiaba todavía sentirse inferior. Pero eso se debía a todos los años de menosprecio, uno tiende a no poder liberarse tan pronto de ciertos sentimientos casi instintivos.

Se forzó a sacar esos pensamientos de su mente. Ella tenía que ser mucho más fuerte, tenía que poder demostrar que algo en su interior había cambiado. Era momento de comenzar la jugada, ya se había dado ánimos mentalmente el tiempo suficiente.

—¿Por qué la invitó? —no pudo evitar preguntarle.

Jessica sacudió la cabeza, con evidente enojo.

—Escuché que ha sido contratada como modelo principal para la revista MÜLLER, se hizo un revuelo en toda la ciudad. Y sabes que la mamá de Isabella y la de Dominik son muy amigas —hizo una mueca de disculpa—. Por eso quería decírtelo antes, para que no te tomara por sorpresa. Está en el salón de arriba, actuando como una princesita.

Asintió, sopesando sus palabras. Lo que le daba más curiosidad es cómo le haría en unos meses para modelar embarazada, sabía que en la revista MÜLLER eran muy estrictos en ese aspecto y se debe avisar con antelación por los innumerables proyectos que hacían, todo era tratado con pinzas.

Pero ya pensaría a fondo en casa, o haría su propia investigación. Tenía que jugar las cartas que tenía en ese momento, luego podría conseguir más.

—Vamos, estoy bien. Puedo lidiar con esto —aseguró con una determinación que nacía de la anticipación por zanjar el asunto.

Cuando salieron ya no había nadie en la antesala, así que terminaron por subir al salón. Las risas se escuchaban desde abajo, parecía haber música suave reverberando en una barra de sonido. Era la preferida de la abuela, ya que le recordaba a su época de universidad.

—¡Oh, Beth! ¡Estás aquí, cariño! —La saludo con efusividad Gianella, la abuela de Dominik. Se veía muy contenta, rodeada de su familia y algunas cuantas víboras.

Habían muchas personas, pero el lugar los albergaba fácilmente. Reconoció a la familia pero a los otros, supuso que eran colados.

La abuela se acercó para darle un pequeño abrazo, y luego jalarla al sofá con ella. Parecía decidida a integrarla ese día. Aquello le conmovía. Siempre había sido buena con Beth, y eso Elena no lo soportaba, ya que era su suegra y jamás la había tratado así.

Sonrió, dándose cuenta de que al menos tenía a la abuela de su lado.

—Estábamos felicitando a Isabella por su nuevo trabajo, acércate querida —decía mientras le daba una palmadita al gato. Éste huyó del sofá y ambas pudieron sentarse.

Beth dirigió su mirada a la susodicha, que parecía realmente complacida por toda la atención que estaba acaparando. Estaba vestida para pescar marido millonario, y teniendo en cuenta que eso era justamente lo que quería, era lógico.

—Oh, sí. Algo de eso escuché —murmuró, sin felicitarla. Primero se tiraba de la terraza.

Elena decidió que era momento de hacer su entrada triunfal en la charla, porque dijo en voz muy alta:

—Siento envidia de la familia que tendrá la fortuna por tenerte, Isa. Eres tan exitosa e independiente por ti misma, contrario a muchas otras. —Su mirada permaneció intencionalmente en Beth unos segundos para dejar claro hacia quien iba dirigido el dardo.

Tenía ganas de gritarle "callése vieja bruja", pero se contuvo como la dama que debía de ser.

La abuela se rió y palmeó la mano de Beth con cariño.

—Bueno, tan poco es fácil ser una ama de casa dedicada y tratar de producir un bebé.

Aquello parecía ser un tema que Elena estaba dispuesta a seguir con entusiasmo, y un brillo malévolo se asomó en sus ojos.

—Ay, desde luego, suegra. Es difícil intentarlo por cinco años y no poder lograrlo, qué cansado debe de ser —suspiro, fingiendo pesar—. Claro que algunas tienen suerte de quedar embarazadas sin intentarlo. Qué bendición tan grande es eso, ¿no le parece?

Eso fue un comentario venenosa dicho para hacerla morir por dentro, lo sabía. Dolía porque era algo que le generó años de estrés e inseguridad.

«Pues toma rata tu queso», pensó de forma cómica.

—Será por eso que algunas deciden cambiar de pistola, ¿no? Ya ve que algunas disparan balas de salva —dijo Beth, con una risita, tratando de aparentar desinterés.

Aquello congeló la sonrisa en las caras de Elena e Isabella. Ambas parecían estar pensando en cosas diferentes. Annabeth se sintió feliz. Dominik parecía dispuesto a decir algo, pero mejor lo pensó y se quedó callado, aunque con una mirada iracunda.

«Dos pájaros de un tiro, bien», se felicitó ella misma.

Sammael tosió disimuladamente para eligerar el ambiente, aunque más bien parecía que ahogaba una risa, lo que hizo que Gia lo mirara con preocupación.

—¿Todo bien, hijito?

El asintió, pero suspiro con tristeza. Beth intuyó que fingía nada más.

—Sí, abuela. Es solo que ya sabes, mis pulmones...

—¡Cierto! ¡Trudy! ¡DEJA DE FUMAR! —alzó la voz por encima de la música para regañar a una amiga de Jenna, la tía de Dominik.

—Oh, lo siento, Gia. No me acordaba de eso —se disculpo de inmediato, aplastando el cigarrillo contra el recipiente de vidrio—. Una disculpa, Sammael. Te ves tan joven y lleno de vida, que había olvidado lo de...

Elena carraspeo. Odiaba que se mencionara el tema del accidente. La ponía muy mal.

—Creo que es hora de pasar al comedor. La cena va a servirse en el jardín, para admirar a la banda sinfónica y los fuegos artificiales que tu hermano ha conseguido para ti, suegrita —dijo con voz cortante, dispuesta a cambiar de tema.

Todos comenzaron a bajar las escaleras, y se sorprendió de lo hermoso que estaba decorado. Era un amplio jardín con jardineras preciosas, unas plantas exóticas decoraban los lados de las bardas, al fondo estaba la banda comenzando a preparar sus instrumentos, y habían mesas repartidas alrededor, con elegantes sillas enfibdadas y manteles beige en las mesas. La piscina ya estaba iluminaba, el agua caía de la cascada artificial y llenaba el lugar de un ruido calmo.

Vió que las mesas estaban etiquetadas para que los invitados supieran cuáles eran sus asientos. Beth tragó fuerte al ver que la había tocado una mesa apartada al fondo, justo donde había un arco de telas formando un intrincado hermoso, pero que les daba sombra y cubría de los demás invitados.

No necesito mucho para saber que eso era obra de su suegra. Mordió su mejilla interior derecha, sin poder hacer nada.

«Annabeth, Jessica, Dorothy, Jonas». Esos eran los nombres colocados ahí. Dorothy era la hermana menor de Jessica, tenía ocho años apenas; y Jonas era el hijo del tío de Dominik, era más pequeño todavía, ya que tenía siete. Si pudieran habrían puesto a la hermanita pequeña de Jonas, que era una recién nacida.

Así que en resumen... Les dieron la peor mesa. La mesa de los chiquitines y sus niñeras.

Miró hacia atrás y notó que Isabella se sentaba en la misma mesa que Elena, la abuela, Dominik y una amiga de ellas. El padre de Dominik estaba en una mesa con sus cuñados y unos amigos de ellos. Y la demás familia estaba en mesas cercanas, pero ella en particular estaba tan lejos como la pudieron poner.

Se sentaron sin remedio, y esperaron por la comida. Jessica acostó su cabeza en la mesa y pareció dormitar, los niños salieron corriendo a los juegos que habían ahí cerca... Y se quedó técnicamente sola. Entonces su teléfono sonó con un mensaje:

«¿Quieres hacer algo divertido, cuñada?», era de Sammael.

Levantó la vista tratando de encontrarlo, pero no lo vió.

«En la terraza arriba del bar», leyó.

Al mirar atrás de donde estaba la banda, que ya había comenzado a tocar, alzó la vista. Una sombra estaba ahí, quieta. La saludo con una mano.

Beth tragó saliva. Aquello era una proposición en toda regla.

«Ven, tenemos un asunto pendiente que sé, te mueres por continuar», le envío otro mensaje.

Y cuando miró hacia atrás, notando que Dominik sonreía al ver lo que Isabella le contaba a todos, se decidió.

Subiría a terminar de entrar en combustión. Eso era el destino diciéndole: «toma, es para ti».

De modo que con poca persuasión, subió a darle la bienvenida a la tentación y al pecado en persona.

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