—No puedo creerlo de verdad. No lo esperaba de ninguno—Fernando manejaba a la casa. Mike iba de copiloto, Gabriel, Hayden, Rámses y yo íbamos apretados en el asiento trasero—. ¿Y si los hubiese descubierto la policía? Ahorita estuviese pagando una fianza por allanamiento a instituciones públicas. ¿Qué mierda estaban haciendo?
Sentí como mi cuerpo entero se tiñó de rubor. Gabriel y Rámses se rieron por lo bajo.
—¿Tú qué crees Fernan?—dijo Mike uniéndose a las risas.
El pobre diplomático al parecer no había considerado esa opción.
—¡Dios! Era una iglesia.
—No era una iglesia, era un campanario, al lado de la iglesia—aclaró Rámses y la mirada que su papá le...