—Hemos estado juntos tres años, ¿verdad, cariño? Nos conocimos antes de tu graduación y decidimos esperar hasta que terminaras la universidad para hacer oficial nuestra relación —dijo Dilan, tomándome de la mano y besándome el dorso.
Sentí de nuevo esa corriente que me recorrió desde la columna vertebral hasta los pies.
—¿Ustedes dos ya salían cuando tú y yo éramos novios? ¡Eres una...! —Stuart se quedó mirándome con furia.
—No le faltes el respeto a mi mujer. Mírate a ti mismo, estás gordo, y seguro que tu esposa está llena de estrías y hasta debe usar faja. Mi mujer, en cambio, usa ropa suelta para que idiotas como tú no...