Elijah.
Casi odie a Desmond cuando me hizo volver a casa tan pronto, mi idea era, en realidad, no aparecer hasta la mañana siguiente, pero bien el cansancio, o bien la sensación de que habíamos abandonado nuestras mates, por nuestros miedos a no podernos controlar, hizo que a ciertas horas ambos cediéramos a la tentación de volver a nuestros hogares, donde ambos sabíamos que, en algún lugar de esas malditas casas, estaban durmiendo los seres que podían mover nuestro mundo.
Si alguien supiera, si algún miembro de la manada se enterara, en especial mis hermanos, de que dos hembras, las que teníamos predestinada, nos habían puesto tan nerviosos que nos...