—Mi amor, nada de eso va a ocurrir, te lo prometo. El equipo ha realizado todas las comprobaciones necesarias en el coche, la seguridad delante de nosotros está evaluando la zona en busca de cualquier peligro, vamos justo antes del anochecer, así que Ruperto no nos encontrará —dice intentando tranquilizarme, pero yo niego con la cabeza, mis manos empiezan a temblar. Sigo repitiendo el accidente en mi mente.
—Mi amor, escúchame. Si de alguna manera ocurriera alguna de esas circunstancias, que no lo harán, te protegeré para que no te haga daño. Lo único que necesito de ti, mi amor, es que confíes en mí, nunca te pondría en ningún...