—¡Ayuda! ¡Por favor, ayúdenme! —grito lo más fuerte que puedo, inmediatamente llamando su atención. Empiezan a correr hacia mí.
—Es la Reina, la hemos encontrado, ¡usen el enlace mental! —grita uno de ellos, corriendo hacia el viejo muelle de madera para arrodillarse a mi lado. —Majestad, va a estar bien —me dice, levantando mi cuerpo congelado para sentarme, lo cual, para ser honesta, duele mucho. Intenta soltarme, pero empiezo a caer de lado, haciéndolo aferrarse a mí con fuerza.
—L—la madre del Rey está en el a—agua con Ruperto, n—necesitan sacarlos —digo entre escalofríos, él mira hacia el lago y luego a mí. —No han salido a la superficie en...