—Que tú, ¡¿Qué?!
Hago una mueca ante el chillido incrédulo de Valeria.
Han pasado un par de días desde mi cena con Elliot, este me dio el contrato y luego de revisar que todo estaba en orden, puedo decir que no hay nada turbio.
Elliot sabe que soy minuciosa con lo que firmo y no cabe la posibilidad de que vaya a jugarme sucio.
—Aria.
Suspiro y me remuevo en el sofá.
—¿Sí?
—Es una puta broma, ¿No es así?
—No —espeto mirándola con atención —Elliot apareció por esa puerta y me propuso una alianza para poder obtener lo que queremos.
La cara de mi amiga es de asombro y...