Cuando volví en mí, Joaquín ya tenía a Martita agarrada del cuello con fuerza. Su rostro se puso rojo como un tomate debido a la falta de oxígeno.
—¡Habla! ¿Qué diablos hiciste? —gritó Joaquín con un rugido profundo y furioso.
Martita, presionada contra la pared, se echó a reír mientras hablaba con dificultad:
—Cof… cof… Fui yo… Yo mandé a unos tipos a asaltarla…
—Esos hombres tomaron el dinero y sellaron sus bocas muy bien.
Los ojos de Joaquín estaban inyectados en sangre, y su fuerza en las manos aumentaba cada vez más.
—¿Por qué la hiciste daño? ¿Qué hizo ella para merecer eso?
Para ese momento, Martita ya estaba...