Con la mirada perdida en el horizonte sumergido en sus pensamientos, en los últimos días apenas y venta de su habitación, el rostro de Gabriel lucía un poco pálido.
—Hijo; me preocupas no tienes apetito, duermes poco te vas a enfermar, háblame, ¡desahogate! —Le dijo Mauricio a su hijo mayor.
El joven miró el jardín desde la ventana de su habitación y acarició el collar que Victoria le había obsequiado a Emili.
-Papá; Me siento culpable yo el traje hasta su muerte, si no hubiésemos quedado en Florida, Emili estaría viva.
—No es tu culpa; son cosas que pasan;eso es parte del diez por ciento de las situaciones que se...