La catedral está decorada con mucho esmero y los padres de Mauricio son muy amigos del arzobispo monseñor Viña, así que su excelencia será el encargado de unir a la feliz pareja.
Esa mañana los novios desayunan juntos y dan un paseo por el jardín agarrados de mano. Es su momento de relax antes de que comience todo el ajetreo de la boda.
Gabriel la estrecha contra su pecho fuerte y varonil mirándola a los ojos le pregunta, ¿eres felíz?
Sí inmensamente, te amo mi adorado.
Él la mira a los ojos y le susurra un te amo en el oído seguido de un beso apasionado.
El día pasó rápido...