POV : BELLA.
[En la actualidad]
Agarré a Ciro de su mano y lo sostuve halándolo a través de los invitados, tenía muchas ganas de irme de este lugar pero sabía que ya no podía hacerlo.
En lugar de eso nos detuvimos en el centro del salón para realizar nuestro primer baile como indicaba la tradición.
De nuevo colocó sus manos en mi cintura tal cómo lo hizo en el altar para besarme frente a todos, realmente era un hombre encantador.
La música de fondo comenzó a sonar haciendo que desconectara mi mente, otra vez las mariposas alzaban vuelo en mi estómago y mis pezones se endurecían bajo mi vestido.
Bailamos con gracia y el calor que irradiaba nuestros cuerpos se sentía cómo fuego.
Sabía que nada de ésto era real, que no habían sentimientos de por medio pero no podía contenerme, los pensamientos se agolpaban en mi cabeza con la duda de que él sintiera lo mismo por mí, o bueno, era una «posibilidad».
Me gustaba creer que bajo la fachada de gruñon malhumorado existía un hombre de buen corazón.
«Lo que era imposible»
— ¡En hora buena! ¡Felicitaciones!
— Se escuchó una voz detrás de nosotros y automáticamente nos separamos.
— Gracias.
— Respondí y compartí un abrazo con una señora agradable.
— Isabella, cariño.
— Ciro aclaró su garganta.
— Ellos son mis padres, Thomas y Margareth Marshall.
— Dijo haciendo un gesto para presentarme.
— Oh, es un honor poder conocerlos al fin.
— Iba a extender mi mano pero su padre levanto la suya para indicarme que no era necesario.
— Bienvenida a la familia Isabella.
— Añadió su madre.
— Muchísimas gracias, Señora Mar...
— No querida, puedes llamarme Meg.
— Dice de manera amistosa.
— No tenía idea de que pensabas casarte tan pronto, hijo.
¿Cuánto tiempo llevan juntos?.
— Preguntó Meg. Y el ambiente se volvió incómodo.
— Meses...
— Años...
— Ambos contestamos al mismo tiempo y me dí cuenta que había cometido mi primer error.
Pensé que mi corazón dejaría de latir y que todos se darían cuenta de que nuestro matrimonio no es normal.
— Bueno, mamá.
— Ciro tomó mi mano.
— Lo que quiere decir Bella, es que llevamos juntos dos meses pero ha sido tan maravilloso, que es cómo si hubiesen pasado años.
¿Verdad mi amor?
— Apretó suavemente el dorso de mi mano, en busca de mi ayuda.
— Si, si. Es por eso que decidimos casarnos cuánto antes.
Ya saben... es esa clase de amor, cómo cuándo hablas con alguien por primera vez, luego lo ves y pierdes el control, hasta que dices ¡al diablo! hay que hacerlo.
— Yo diría que es más un amor centrado, basado en el respeto mutuo.
— Había una advertencia en sus ojos.
— Simplemente nos amamos no hay nada más que explicar.
— Me interrumpió con su voz profunda, cortando el tema.
— Hijo, por favor, me gustaría hablar contigo en privado.
— Giré la mirada y ví cómo don gruñón, rodaba sus ojos hasta ponerlos en blanco.
— Podemos hablar después, papá.
— Respondió a secas.
— De verdad nos tenemos que ir.
— Amenazó con marcharse.
Sabía que tarde o temprano comenzarían las preguntas incómodas por parte de las personas, él ya lo había previsto.
— No solo puedes marcharte así, cómo así, Ciro.
Por lo que entiendo, mágicamente te enamoraste de esta señorita, pero que sucedió con Astrid.
¿Cómo es posible que te divorciaste y nosotros ni siquiera estábamos enterados?
— Anuncia el señor Thomas y yo también quisiera saber que pudo suceder para que él se obligará a montar esta mentira.
— Thomas, déjalo tranquilo...
— De nuevo intercede Meg.
— No, Margareth.
Somos sus padres ¡por Dios!.
— ¿Estás seguro que quieres saberlo papá? Pues te lo diré, Astrid es una...
— Ciro se acerca a su padre con los ojos fijos en él.
— ¡Mamá! ¡Papá!
— Los chicos se acercaron rompiendo la incomoda tensión entre todos.
— ¿Que sucede cariño?.
— Me Incliné hasta llegar a la altura de James.
— Mami, estamos listos para marcharnos con Magda.
— fue Lizzie la que contestó por él y James rodó sus ojos, tenía problemas para adaptarse pero por su condición podía entenderlo completamente.
— Ustedes tienen.... Hijos...
— Susurró Meg.
Y yo moría de miedo cómo si estuviesemos en un campo minado. algo podía salir realmente mal.
— ¡Agg perfecto!
¿Así que ese es el motivo por el cuál Astrid te dejo, eh? ¿Mantuviste en secreto una doble vida todo éste tiempo?
— Su padre batió los brazos con enojo.
— ¡Pobre mujer debe estar destrozada!.
— No tengo tiempo para explicarte como sucedieron las cosas, Papa.
Además, nuestro avión está por despegar.
— Miró su reloj para disimular y luego se dirigió a mí.
— Le pedí al chófer que llevara a los niños a casa.
— Isabella, hijo, por favor.
No es necesario una niñera.
Los niños pueden quedarse con nosotros después de todo son nuestros nietos.
— Meg nos detuvo. Y se inclinó para admirar a los chicos.
— Me temo que es imposible, será en otra ocasión mamá.
— Contestó sin mirarla y comenzó a guiarnos hasta la salida.
— Ciro por el amor de Dios, ya nos alejaste durante mucho tiempo, no vuelvas hacerlo.
¡Somos tu familia!
— El tono de angustia en la voz de Meg, hizo que "Don ogro" se detuviera.
— La cena de compromiso de tu hermana será en unas semanas, a ella le encantaría que estuvieses allá.
— Nos miró a los niños y a mí.
— De hecho nos encantaría que todos estuvieran presente.
— Me sentía consternada, no sabia que clase de problemas pudiese tener Ciro con su familia, pero yo también soy madre y se ve que Meg extraña a su hijo.
— No te preocupes Meg, allí estaremos.
— Me voltee para mirar a Ciro, quién se quedó perplejo ante mi intromisión.
Con éste ya sería mi segundo error, pero no me importaba.
— Ha sido mucho por hoy mi amor.
Hay que largarse de aquí.
— Adiós, querida abuela.
— James se despidió con la mano y Lizzie me miró.
— ¿Yo también tengo una abuela falsa mami?
— Eso lo hablaremos luego cariño.
— Tape su entrometida boquita con miedo a que alguien más la escuchara.
[...]
Íbamos camino hacía la limusina dónde Magda ya nos esperaba, "El ogro" se dirigía a los chicos para darles todas las instrucciones necesarias durante los cinco días que estaríamos ausentes.
Mientras sus palabras rondaban en su lengua y por sus labios suaves, nuestro cálido beso se repetía en mi mente.
La sensación de su contacto aún seguía en mi piel.
¿Era normal sentirse así por un completo desconocido?