Violet nunca había sentido los temblores de otro cuerpo que no fuera el suyo. Tampoco las manos frías de alguien que busca refugio. Todo eso siempre fue suyo: ella era la asustada que necesitaba de un abrazo que la protegiera de sí misma.
Pero este caso era diferente.
Esta vez era ella quien daba refugio y protección. Todavía si cerraba los ojos, podía ver a esa misma persona que estaba abrazando, ayudarla cuando estaban a punto de violarla, lo veía dándole la mano y diciéndole que todo estaba bien. Él seguía en sus recuerdos calmándola cuando tenía miedo por la oscuridad y también la seguía ayudando en todos sus momentos...